Sino también por el hallazgo realizado por una pareja de
montañeros mientras descendían el Finialspitze, la cumbre de 3.600 metros
situada en la frontera austroitaliana de los Alpes.
Mientras bajaban por los
salientes rocosos, el matrimonio formado por Helmut y Erika Simon vio una
mancha marrón que sobresalía entre la nieve y el hielo acumulados.
Aunque los montañeros alemanes inicialmente creyeron que se
trataba del cadáver de un alpinista, como recogía una famosa historiadora, su
descubrimiento pronto acaparó la atención de curiosos, investigadores y medios
de comunicación.
Esta noticia no era para menos: se trataba de Ötzi, también
conocido como el hombre del hielo, la momia humana más antigua del mundo.
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El terrible dolor de estómago de la momia.
Esta momia cuyos restos presentan una antigüedad de 5.300
años, ha sido estudiado desde hace veinticinco años con el objetivo de conocer
más detalles sobre su vida y muerte.
Aunque inicialmente se creyó que el hombre
del hielo había fallecido tras quedarse atrapado por una tormenta mientras
cazaba, una autopsia realizada en 2009 cambió para siempre esta popular
creencia.
Ötzi había sido en realidad asesinado a golpes y flechazos, que
pusieron fin a la vida de este hombre que vivió en la Edad del Cobre (3.300
a.C.).
Una reciente investigación, publicada hoy en una reconocida
fuente, profundiza en los últimos momentos de Ötzi antes de su violenta muerte.
El día que falleció, según los científicos de la Academia Europea de Bolzano
(Italia), el hombre del hielo probablemente padecía un fuerte dolor de
estómago.
Esta es una de las conclusiones obtenidas tras analizar 12 biopsias
del sistema digestivo de la momia, en las que se han detectado restos de la
bacteria Helicobacter pylori.
Este microorganismo se encuentra en casi la mitad
de la población mundial; en un 10% de los casos, el patógeno se relaciona
además con la aparición de úlceras de estómago o de carcinomas gástricos.
La bacteria Helicobacter pylori.
La importancia del descubrimiento de este microorganismo va más allá de la mera curiosidad científica. La bacteria Helicobacter pylori, según señalan los expertos, ha estado asociada con su hospedador humano desde hace al menos 100.000 años.
Este dato indica que si estudiamos su genoma
podemos trazar mejor la historia de nuestra propia especie. En otras palabras,
analizar los microorganismos hallados en el hombre del hielo pueden servirnos
para conocer un poco más la evolución humana.
Sin embargo, las cepas modernas de
Helicobacter pylori se relacionan con al menos seis orígenes geográficos
diferentes. En el caso europeo, la variedad microbiana que puede encontrarse en
la actualidad es un híbrido entre las antiguas cepas asiática y africana.
Este estudio realizado sobre el microbioma del hombre del
hielo ofrece detalles muy interesantes.
Según los resultados del análisis
genómico realizado, las bacterias que Ötzi presentaba en su sistema digestivo
son un "representante casi puro" de la cepa asiática, sin que se
observen restos de la variedad africana.
Suponiendo que el estómago del hombre
del hielo fuera parecido al de los europeos de hace 5.300 años, estaríamos ante
la primera evidencia de que las cepas bacterianas modernas de Europa presentan
una mayor similitud con las del norte de África.
Por lo tanto especialistas
indican una "íntima influencia de flujos migratorios recientes en los
europeos que habrían ocurrido tras la Edad del Cobre".
Algo sencillamente tan insignificante como un dolor de
estómago, reflejado en los factores de virulencia secretados por las bacterias
de Helicobacter pylori encontradas en el hombre del hielo, muestran un nuevo
capítulo en la historia de la evolución humana.
Una evolución marcada también
por las migraciones de las diferentes poblaciones, cuyas huellas pueden todavía
observarse en los microorganismos del sistema digestivo de una momia como Ötzi.
La recombinación de los dos tipos de
Helicobacter puede haber ocurrido después de la era de Ötzi y esto demuestra
que la historia de los asentamientos en Europa es mucho más compleja.

